¿Cuántas veces te has visto en el espejo y has criticado tu cuerpo? ¿Cuántas veces has querido ponerte un look atrevido pero sientes vergüenza de tu figura? ¡Tranquila! Muchas mujeres hemos tenido esos sentimientos, y el problema no es sólo sentirlos, el problema es asumirlos y creerlos.

 

Las creencias, aunque no parezca cierto, se forman desde que somos muy pequeñas y se refuerzan o se desarrollan a través del tiempo con diferentes experiencias que vivimos. Algunas veces se heredan de la familia, otras se dan por las opiniones y las ideas de las personas que nos rodean, otras se forman por los medios de comunicación, por el paradigma social, entre otros.

 

Hace unos días estaba caminando bajo un sol implacable que hacía que todos sintiéramos un calor intenso, razón por la cual muchas mujeres vestían esqueletos y faldas o pequeñas pantalonetas. Estaba tan acalorada que decidí parar en una tienda a tomarme un jugo, y fue allí donde escuché a una mujer de unos 27 años diciendo: “Odio que haga calor porque me toca aguantarme estos pantalones largos por culpa de la celulitis y de las horribles piernas que tengo. No sé qué hacer, cómo vestirme para no tener tanto calor y evitar que las personas vean mis defectos en la piel, mis rodillas resecas, mis piernas flacas y flácidas”… y así siguió diciendo cosas negativas sobre su cuerpo. Lo curioso es que ella no quería que nadie viera sus supuestos defectos, pero los estaba comentando en un lugar público donde todas las personas estábamos escuchando.

 

¿Qué pasaba entonces con esta mujer? La respuesta es sencilla: Ella creía completamente que las personas iban a rechazar el aspecto de sus piernas porque según ella, eran desagradables. Aquí hay 2 puntos importantes de resaltar:

 

  1. Lo que creemos es lo que reflejamos y lo que atraemos, lo que quiere decir que si yo estoy convencida de algo, aunque esto no sea cierto, es también lo que voy a exteriorizar y dar a entender a las demás personas. Puede ser que la mujer de nuestra historia tuviera unas piernas muy bonitas, pero al creer que sus piernas eran feas, eso era lo que iba a transmitir a las personas que la rodeaba. A esto se le conoce como el efecto Pigmalión, que se basa en el poder del pensamiento.

Esto quedó demostrado en un estudio que realizaron Rosenthal y Jacobson en 1968 en un colegio de San Francisco. Ellos hicieron un test de inteligencia a un grupo de estudiantes, y aleatoriamente, escogieron el 20% para decirle a sus profesores que ellos tenían su coeficiente intelectual superior al resto del grupo. Finalizando el año escolar, volvieron a realizar el test de inteligencia, y se dieron cuenta que los chicos que habían sido catalogados como más inteligentes, habían aumentado su coeficiente intelectual en 4 puntos, mientras que el resto del grupo permanecía igual.

 

  1. Cuando las creencias están tan arraigadas en nosotras, se pueden volver la causa de problemas y además, nos pueden llegar a bloquear porque nos victimizamos y sentimos que no estamos en la capacidad de cambiar lo que queremos. Es por esto, que el egoísmo es una buena opción, aunque siempre hayamos creído que está mal. Tu eres lo primero en tu vida y si confías en que así es, vas a tener el poder en tus manos.

 

Así que ¿cuál es mi invitación hoy para todas ustedes, mujeres hermosas? Vamos a reprogramar nuestros corazones y a reconocer cuáles de las creencias que tenemos en nuestras vidas son positivas para nosotras y cuáles no lo son. Una vez las tengamos identificadas, vamos a reprogramarlas y a modificarlas para mejorar nuestra autoestima y reflejar lo que en realidad queremos.

 

¡Confía en ti, confía en tu ser… Eres hermosa, vales oro!

 

 

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